La música y la enfermedad de Parkinson

La música tiene poder: nos mueve física y emocionalmente, a menudo transportándonos a lugares y tiempos anteriores. Lejos de solo estimular los recuerdos que rodean a una canción, está bastante aceptado que la música puede ayudar a reducir algunos efectos de la sintomatología de la enfermedad de Parkinson y puede ayudar a preservar e incluso mejorar la función cognitiva. Y digo “puede” debido a que cada caso de Parkinson es diferente al resto y los efectos de determinadas “terapias” pueden ser distintas para cada uno.

En ciertas enfermedades como el Parkinson, el ritmo cerebral en el circuito que controla el movimiento se desvía. Existen tratamientos específicos que generalmente funcionan para restablecer el ritmo normal: como ejemplo cabría citar que la estimulación cerebral profunda administra estimulaciones eléctricas y otro ejemplo puede ser el de un nuevo dispositivo que trata de interrumpir un episodio de congelación al hacer un determinado clic en el oído.

Sabiendo que todos tenemos este ritmo inherente y que todos respondemos a la música de alguna manera, los investigadores han analizado los cambios cerebrales que ocurren al escuchar y tocar música. La experiencia emocional de escuchar música puede aumentar la liberación de dopamina, la sustancia química cerebral que carece un paciente de la enfermedad de Parkinson. Generalmente, las personas con formación musical tienen mejor memoria, función ejecutiva (planificación, resolución de problemas, organización, etc.) y percepción visoespacial (capacidad para determinar la relación de los objetos en el espacio). Mientras se reproduce música, se activan múltiples áreas diferentes del cerebro y, a la larga, esto conduce a un aumento en el volumen y la actividad de un área específica que permite la comunicación entre los dos lados del cerebro.

A través del lenguaje universal de la música, aquellos que tienen problemas para recordar un horario diario o mantener una conversación pueden llegar a  comunicarse de manera diferente, expresar sus emociones y conectarse con otros en un nivel más profundo.

Tocar y/ó interpretar música ejercita la mente y el cuerpo. Proporciona una ruta para la interacción social. Al atraer a alguien a su ritmo, puede calmar un temblor en reposo, romper un hechizo de congelación y llevar la marcha a un patrón más normal. La música puede aumentar la memoria, disminuir la depresión y mejorar el volumen y el tono del habla. No es de extrañar que algunos digan que la música es mágica.

Escuchar música (la que tengamos cada uno como favorita) normalmente produce un efecto de relajación que ayuda a no exacerbar la sintomatología de la enfermedad.  Bailar también ayuda porque aparte de poder relajar, contribuye a pensar en la posición postural y sin duda, requiere tener o potenciar un mínimo equilibrio.

Una de mis principales aficiones desde que tengo uso de razón ha sido la música. Escucharla, bailarla, activarme y relajarme con ella.  Quizás ha sido consecuencia de que mi madre tuviera encendida la radio casi siempre y que cuando no, sonara el tocadiscos, con los Dean Martin, Frank Sinatra, Raimon, Serrat, Dyango, Salomé, mucha música clásica, etc.  Todo influye.

Desde que tuve que abandonar mi actividad profesional he tenido oportunidad de rescatar viejas aficiones e ilusiones entre las que destacaría el adquirir una batería de percusión de segunda mano y empezar a recibir clases para aprender a tocarla. No tuve suerte y la actividad no evolucionó satisfactoriamente.

Hace poco conocí a una persona que también tiene la música por pasión y en este caso, compone, produce y canta canciones desde hace 30 años.  Eliseo Aulló conocía poco la enfermedad de Parkinson, pero después de mis explicaciones y de leer documentación (entre la que figuraba la lectura de mis dos libros) compuso y cantó una canción que a mi parecer sirve para que muchos nos podamos sentir identificados y, por ende, acompañados.  Es una canción compuesta y cantada con el corazón que suena muy muy bien y dice muchas verdades. Os la adjunto a continuación agradeciendo a su compositor, autor y voz (Eliseo Aulló) tanto su predisposición, como su generosidad para sacar tiempo del tiempo y producir y darnos a todos este regalo.

Fruto de esta amistad surgió la posibilidad de que yo escogiera una canción de entre mis favoritas con el objetivo de modificar un poco la música (lo que significa crear una versión) y mantener la letra de su autor.  Se trataba de que yo cantara, interpretara esa versión. Son casi 6 años desde el diagnóstico de la enfermedad con lo que el esfuerzo (elevar el volumen de mi voz y vocalizar) ha sido importante pero ha valido la pena porque lo hemos pasado muy bien. La letra es de la canción “Waitin’ on a Sunny Day” de Bruce Springsteen y la E Street Band (2002); la versión de dicha canción la han elaborado Eliseo Aulló y Juan Antonio Reverte.  La voz y las imágenes/videos son míos.

Nos pusimos manos a la obra, han sido varios encuentros muy divertidos y han tenido como consecuencia la creación de la versión que os adjunto y el inicio de una nueva amistad.  La he complementado con un video con unas imágenes y mensajes que espero que os guste.  Porque la música es mágica…….

Hasta pronto

2 respuestas a “La música y la enfermedad de Parkinson

  1. Artur!!! que marcha! me encanta todo, la idea, la música, las imágenes y sobre todo: tu voz. Muchas gracias por compartir y por presentarnos y dejarnos disfrutar también de la composición de Eliseo. Felicidades enormes a los dos. Feliz semana a ritmo del Boss!!!
    Un gran beso

    Le gusta a 1 persona

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